La estructura fue construida en la Costa del Azul por la propia comunidad, luego de que el incendio de enero de 2025 destruyera la garita original. El reclamo volvió a poner en foco la falta de respuesta oficial y la organización vecinal en Mallín Ahogado.
La construcción de una garita comunitaria en Mallín Ahogado volvió a exponer el rol de la organización barrial frente a la falta de respuestas estatales. La estructura fue levantada en la zona de Costa del Azul por vecinos y vecinas, después de que el incendio de enero de 2025 destruyera la garita original.
El lugar es utilizado a diario por estudiantes y personas que viajan hacia El Bolsón. En ese contexto, “La verdad que bueno, tener en cuenta la magia de lo comunitario, la magia de ser vecinos y vecinas comprometidos con nuestro entorno, con nuestro territorio”, expresó Manuel de Lucía al explicar cómo surgió la iniciativa.
Según detalló, se trata de un espacio clave para quienes esperan el transporte escolar y también el transporte público. “Es un lugar donde van niños y niñas, jóvenes, adolescentes que se toman el transporte escolar (…) y también los vecinos que se toman el transporte público”, señaló.
Con la llegada de las lluvias y el frío, la necesidad de reconstruir la garita volvió a hacerse evidente. “Era un lugar súper necesario, súper utilizado para el resguardo”, indicó al referirse al uso cotidiano del espacio.
El incendio de 2025 y la espera sin respuestas
La estructura anterior había sido destruida durante el incendio conocido como Confluencia, ocurrido el 30 de enero de 2025. “Fue arrasada por el fuego aquel 30 de enero de 2025 (…) no quedó ningún material para poder reconstruirla”, recordó.
De acuerdo con lo señalado, la comunidad aguardó durante más de un año una solución. “Del 30 de enero de 2025 a marzo de 2026 hubo un tiempo para planificar”, sostuvo en referencia a la responsabilidad del municipio.
Las primeras lluvias de marzo terminaron de acelerar la decisión. “Había gente a la intemperie esperando un colectivo (…) la verdad que no es algo humanamente aceptable”, planteó.
Frente a ese escenario, comenzaron a reunir materiales y aportes. “Se articularon pedidos, solicitudes, donaciones y así fue que con vecinos mismos (…) se pudo construir la garita”, explicó.
Aportes comunitarios y reclamo al Estado
La obra avanzó con colaboración de distintos actores del lugar. La madera, las chapas y el traslado de materiales fueron aportados por vecinos y comercios de la zona. “Los vecinos que son dueños del mercadito el gringo facilitaron la madera y la gente del corralón techos australes facilitó el techado”, detalló.
El diseño fue pensado en función del territorio y de quienes usan el refugio a diario. “Está pensada por alguien que ha estado tomando el colectivo”, explicó, al destacar la incorporación de paredes laterales para proteger del viento y la lluvia, además de bancos para sentarse.
La garita incluso fue pintada recientemente por una persona de la comunidad, reforzando el sentido de pertenencia. “Que todos nos hagamos cargo de los entornos que tenemos, del cuidado y del uso”, expresó.
Sobre la relación con el municipio, indicó que hubo comunicación, aunque sin resultados concretos. Y al cerrar, remarcó que la organización vecinal dio una respuesta inmediata: “Sin quitarle la obligación al Estado (…) la acción vecinal dio la respuesta más clara, más concreta y más inmediata”.

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