Un estudio detectó una compleja red de hongos debajo de los árboles más antiguos del mundo, con impacto directo en el equilibrio ambiental y el almacenamiento de carbono.
Un grupo de investigadores logró identificar un ecosistema subterráneo debajo de los árboles más antiguos del planeta, en particular en ejemplares de alerce patagónico (Fitzroya cupressoides), una especie que puede superar los 2.400 años de edad.
El hallazgo se produjo en el sur de Chile, donde los científicos analizaron el suelo bajo estos árboles milenarios y detectaron una red altamente diversa de hongos asociados a las raíces.
Según los datos relevados, bajo un solo árbol se identificaron al menos 361 especies de hongos, lo que representa una diversidad significativamente superior a la registrada en otras áreas del bosque.
Estos organismos forman una red biológica que interactúa directamente con las raíces del árbol, generando un sistema integrado que cumple funciones clave para su desarrollo.
Una red subterránea que sostiene la vida del bosque
Los investigadores determinaron que esta red de hongos cumple un rol central en la absorción de agua y nutrientes, además de contribuir a la protección del árbol frente a enfermedades.
También observaron que esta interacción permite a los árboles adaptarse a cambios en el ambiente, lo que refuerza la importancia de estos sistemas en ecosistemas de larga duración.
En ese sentido, se plantea que esta red funciona como una extensión del propio árbol, en un vínculo que evoluciona a lo largo del tiempo.
El estudio sugiere además que los árboles podrían influir en la composición de estos hongos, estableciendo una relación dinámica con el entorno subterráneo.
Impacto ambiental y advertencias
El hallazgo también pone el foco en el rol de estos sistemas en el almacenamiento de carbono, un proceso clave en el contexto del cambio climático.
Los hongos participan activamente en el ciclo de nutrientes del suelo, lo que permite sostener el equilibrio del ecosistema forestal.
Desde la investigación advierten que la pérdida de estos árboles implicaría también la desaparición de estas redes biológicas, afectando el funcionamiento del bosque.
Factores como los incendios forestales, los cambios en el uso del suelo y la actividad humana representan riesgos para estos ecosistemas.
Un sistema invisible con impacto global
El descubrimiento refuerza la idea de que los bosques no solo dependen de lo visible, sino también de procesos que ocurren bajo tierra.
La presencia de esta red subterránea muestra que los árboles milenarios forman parte de un sistema más amplio, donde múltiples organismos interactúan para sostener la vida.
Este tipo de investigaciones amplía el conocimiento sobre el funcionamiento de los ecosistemas y su relación con el ambiente.
El estudio abre nuevas líneas de análisis sobre el rol de los microorganismos del suelo en la estabilidad ambiental a escala global.

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