La Escuela N.º 92 de El Manso cumple 98 años: una historia de educación, memoria y comunidad

La institución fue fundada el 24 de septiembre de 1928 y desde entonces acompaña a generaciones de familias de la zona. A lo largo de casi un siglo atravesó traslados, incendios y grandes desafíos, pero también construyó una profunda historia de trabajo comunitario, educación rural y preservación de la memoria de El Manso.

La Escuela N.º 92 “Wolf Schcolnik” de El Manso celebra este jueves 24 de septiembre sus 98 años de historia, convirtiéndose en una de las instituciones educativas con mayor trayectoria en esta zona de la cordillera rionegrina.

La fecha representa mucho más que un aniversario. Son casi diez décadas acompañando a generaciones de niñas, niños, docentes y familias, en un territorio donde las distancias, el clima y las características propias de la vida rural marcaron desde sus comienzos una manera particular de enseñar y aprender.

Los comienzos de la Escuela 92

La escuela abrió sus puertas por primera vez el 24 de septiembre de 1928, en la margen norte del río Manso Inferior, sobre un terreno donado por Santos Turra, uno de los primeros pobladores de la zona. Para concretar su fundación también se contó con la colaboración económica de Enrique Bayer.

En aquellos primeros años asistían alrededor de 20 alumnos, muchos de los cuales llegaban caminando o a caballo. Los estudiantes provenían principalmente de El Manso y El León, y algunos incluso llegaban desde Chile. Para poder concurrir a clases, varios niños de El León se alojaban durante la semana en casas de familias de la zona.

La primera escuela tuvo como docentes a Bracamonte, Benavente, Genga Gaitán, Ángel Díaz y Chironi. Desde sus primeros días, la institución se convirtió en un punto de encuentro fundamental para las familias dispersas a lo largo del valle.

Una escuela que tuvo que empezar de nuevo

La historia de la Escuela 92 también está marcada por momentos difíciles. En 1965, la institución fue trasladada a la margen sur del río Manso debido a la falta de alumnos en su ubicación original y a la presencia de numerosos niños sin escolarizar en ese sector.

Mientras se esperaba la construcción de un nuevo edificio, las clases comenzaron el 4 de octubre de ese año en un galpón propiedad de Alejandro Bayer.

En marzo de 1972 se inauguró un nuevo edificio escolar. Sin embargo, apenas unos meses después, en septiembre, un incendio destruyó completamente la construcción. La comunidad educativa tuvo que continuar las clases en el puesto sanitario mientras se buscaba una nueva solución.

Años después se levantó otro edificio con la participación de Gendarmería Nacional, los Misioneros Maristas y pobladores de El Manso, demostrando nuevamente el fuerte compromiso de la comunidad con la continuidad de la escuela.

En 1987, a partir de las gestiones realizadas por la docente Silvia Peralta, la institución fue apadrinada por la Fundación Schcolnik y pasó a denominarse Escuela “Wolf Schcolnik”, en homenaje a su benefactor.

La memoria de El Manso también se aprendió en sus aulas

Uno de los capítulos más significativos de la historia reciente de la Escuela 92 comenzó en 1998, cuando docentes y alumnos impulsaron el proyecto “Armamos la historia de El Manso entre todos”.

La iniciativa permitió trabajar junto a antiguos pobladores y técnicos de Parques Nacionales para recuperar fotografías, testimonios, objetos, costumbres y relatos que formaban parte de la historia del valle. El proyecto dio origen a talleres de memoria y conservación del patrimonio.

En mayo de 1999 se presentó la muestra “El Manso: su pasado y su gente”, que reunió recuerdos y elementos aportados por los propios pobladores. La exposición posteriormente recorrió escuelas y distintas localidades, entre ellas Bariloche, Villa La Angostura y El Bolsón.

Ese trabajo de recuperación de la memoria también obtuvo reconocimiento: en septiembre de 1999, el proyecto de la Escuela 92 recibió el primer premio provincial en el concurso nacional “Así trabajamos en la Escuela”.

Educación, producción y vínculo con las familias

La identidad de la institución también se construyó a partir de proyectos vinculados con la vida cotidiana del valle. La escuela desarrolló experiencias de huerta, producción de plantines e invernaderos, articulando con las familias y organismos como el INTA.

De esta manera, la enseñanza no quedó limitada a las aulas. El entorno natural, las actividades productivas, los conocimientos transmitidos por los antiguos pobladores y las tradiciones familiares se transformaron también en parte del aprendizaje.

La escuela rural fue y continúa siendo un espacio donde se cruzan generaciones: los conocimientos de los abuelos, las experiencias de las familias y las preguntas de los más chicos forman parte de una misma historia.

Una escuela profundamente ligada al territorio

Ubicada en el valle del río Manso Inferior, la institución se encuentra en un territorio cordillerano donde durante décadas las condiciones climáticas y las distancias representaron desafíos para la comunidad educativa.

En 2020, durante la pandemia, la falta de conectividad volvió a poner de manifiesto esas dificultades. La escuela debió recurrir al traslado de tareas y cuadernillos en papel para mantener el vínculo pedagógico con los estudiantes.

Pero esas dificultades también reflejaron una característica que atraviesa toda la historia de la institución: la capacidad de la comunidad para sostener la escuela aun en los momentos más complejos.

98 años de una historia que sigue viva

Desde la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi hicieron llegar un saludo especial a toda la comunidad educativa por este nuevo aniversario y destacaron el vínculo histórico de trabajo y colaboración con la institución.

A lo largo de los años, la escuela y el Parque Nacional compartieron proyectos relacionados con la educación ambiental, la prevención, el cuidado del entorno y el acompañamiento ante situaciones de emergencia, fortaleciendo una relación estrecha con la comunidad de El Manso.

Hoy, celebrar los 98 años de la Escuela N.º 92 es también recordar a quienes alguna vez caminaron o llegaron a caballo para asistir a clases, a los docentes que enseñaron en condiciones difíciles, a las familias que ayudaron a levantar nuevamente sus paredes después de los incendios y a cada persona que aportó para que la institución siguiera adelante.

Son 98 años de aulas, recreos, actos, cuadernos, historias y generaciones. Noventa y ocho años en los que la escuela no solo enseñó contenidos: también ayudó a construir identidad, a preservar la memoria de los antiguos pobladores y a mantener unidos los lazos de una comunidad que aprendió a crecer alrededor del río, las montañas y el bosque.

Porque una escuela rural no se mide solamente por sus paredes. Se mide por las huellas que deja en quienes pasaron por ella.

Y la Escuela N.º 92 de El Manso lleva casi un siglo dejando esas huellas.

Hoy, las voces de quienes fueron alumnos, docentes, familias y pobladores se encuentran con las nuevas generaciones para celebrar una historia que sigue escribiéndose. Una historia de esfuerzo, pertenencia y esperanza, que nació hace 98 años y que continúa mirando hacia el futuro sin olvidar nunca sus raíces.

¡Feliz 98.º aniversario, Escuela N.º 92 de El Manso!

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